Es de conocimiento común que el arte moderno del kendo, que es ahora practicado por millones de personas en Japón y el resto del mundo, evolucionó de técnicas de batallas probadas en el campo de batalla. Con el avance del tenka taihei, o ‘la paz por todo el reino’ durante el periodo Tokugawa (1603-1867), las artes marciales tomaron un nuevo rol y significado para la clase samurai reinante. Sin mas guerras per se, las artes militares fueron estudiadas como métodos de desarrollo propio, con un mayor énfasis en lo ascético y el valor espiritual en lugar de ser solo un medio para mutilar y matar. El periodo Tokugawa vio florecer a las artes marciales con una popularidad sin precedentes, y durante los siguientes 250 años de paz escuelas marciales (bugeiryuha) incrementaron exponencialmente con algunos estimados de mas de 700 escuelas.
El respeto de Japón hacia las artes marciales tradicionales llego a un final brusco con la llegada de las ‘Naves Negras’ del Comodoro Perry a aguas japonesas en 1853. Después de siglos de aislamiento autoimpuesto (sakoku), Japón se encontró a si mismo anticuado, superado en armas de fuego y fuera de su elemento con las naciones occidentales. Si bien que el aislamiento del resto del mundo le habían dado a las artes marciales japonesas tiempo para desarrollarse en fascinantes antigüedades marciales, ricas en simbolismo y espiritismo, no eran rival contra el devastador poder de fuego de las naciones occidentales que fisgoneaban alrededor de sus costas demandando derechos y privilegios especiales. La llegada del Comodoro Perry despertó a los japoneses de su falso sentido de seguridad, y con la Restauración Meiji, se pusieron a reconstruir la nación al traer las mas nuevas tecnologías y ideas que occidente tenía por ofrecer.
Esto significó esencialmente que las artes marciales tradicionales japonesas como el kenjutsu cayeron a la obscuridad debido a que no eran percibidas como una aplicación practica. Rifles, cañones y el nuevo ejército de conscriptos era la orden del día si es que Japón iba alcanzar al resto del mundo. Abundaban en la era frases llamativas como wakon-yosai (Espíritu japonés-Tecnología occidental) a medida que se esforzaban por educar a las masas, armar a la nación e igualarse al occidente en términos de una nueva sociedad civil.
Kenjutsu, junto con las demás artes marciales, era ahora considerado simbólico de la ahora anticuada jerarquía feudal que ponía a la minoría bushi encima de las otras clases y fue así relegada a los reinos de las tonterías arcaicas sin uso practico para la nueva sociedad moderna emergente. Con la abolición de la academia militar del Bakufu, el Kobusho, en 1866 y la disolución de los han (dominios feudales) y los hanko (escuelas de los dominios) controlados por los bushi en 1871, las artes marciales ya no eran incluidas como parte de la curricula educacional, la cual fue rediseñada en base a los modelos occidentales para educar a las masas en lugar de unos pocos privilegiados.
Los bushi rápidamente perdieron todos sus privilegios especiales, y el último clavo sobre el sarcófago fue el edicto que les negaba el objeto considerado como la encarnación de su misma alma: la katana. Muchos de aquellos de estirpe bushi fueron lanzados a un mundo de desempleo y pobreza. Aparte de un grupo reducido de bushi de alto rango quienes fueron dotados con puestos de autoridad en los órganos del nuevo gobierno del Japón, muchos otros se encontraron sin estatus, empleo, o rentas y un número significante de ellos fueron reducidos a completa destitución. En medio de este trastorno social, aquellos que fueron afectados particularmente duro eran los instructores bujutsu empleados por el Bakufu o los dominios; o aquellos que administraban sus dojos privados en la ciudad. Sin mas estipendios y sin estudiantes en sus dojos, muchos subsistían de un día a otro sin saber de donde vendría la próxima comida.
Por Alex Bennet. Kendo-World
