La figura del “ninja” tal y como se entiende en la actualidad por su imagen y por lo que se quiere vender de el es un mito cargado de fantasía y de falsedad.
Ese súper guerrero de las tinieblas, asesino de las sombras pertrechado con su uniforme negro con capuchón, cargado de fantásticas armas capaces de acabar con regimientos completos, y con habilidades tan increíbles y sobrehumanas como volar, desaparecer, caminar sobre el agua o controlar la mente de otros humanos es pura ficción y jamás ha sido así, ni son parte de un legado secreto que se haya transmitido ni de forma oral ni por supuesto escrita y no forma parte de ningún compendio de técnicas propias de ningún clan milenario.
Esta imagen se gestó durante el periodo Edo como fruto de la mitificación de ciertas leyendas propias del folclore local y que poco a poco el cine y el teatro japonés y más tarde el occidental fueron adoptando y creando a su antojo con el fin de captar el mayor número de público.
Actualmente esta imagen mítica, irreal y sobre todo antihistórica, sigue estando muy presente(sobre todo en la sociedad occidental), y gran parte de culpa de esto la tiene Hollywood y el auge que las películas de “ninjas” que marcaron una etapa sobre todo en los 80-90; por supuesto también las escuelas que con afán de lucrarse, se consideran transmisoras de un legado al que llaman propio y no dudan en comparar al de autenticas escuelas marciales que realmente si tienen siglos de tradición bien contrastados.
Históricamente el “ninja”, no tenía ni tan siquiera este nombre. Ya desde el periodo Sengoku la figura del “ninja” era conocida por varios nombres, tales como “shinobi” o “mono”, que en realidad son los mismos dos caracteres que se utilizan para “nin” y “ja”, aunque como digo originariamente esta fórmula no se utilizara siendo la más común “shinobi no mono”; fue durante el periodo Edo cuando empezó a utilizarse este término simplemente por comodidad lingüística ya que se consideraba más sencillo pronunciar la palabra ninja simplificando los caracteres, en vez de la palabra “shinobi no mono”, aunque esta junto con la palabra “kusa” siguió siendo la de uso más frecuente durante el comienzo del periodo para referirse a las personas que eran especialistas en el sigilo, la infiltración, espionaje, sabotaje, asesinato, etc, pero nunca se utilizó como término con el que se identificara a personas pertenecientes a clanes específicos ni organizados que cultivaran este tipo de técnicas como parte de un legado propio de una tradición familiar
Toda esta mitología como digo, se fue forjando con el paso del tiempo y por la relación que se establecía entre la figura del “ninja” y las leyendas locales que se utilizaban desde para asustar a los niños con ellas como para ser representadas. Desde este punto los mitos que se crearon fueron muchos y muy variopintos y con la aparición del cine su divulgación fue masiva a la par que su exageración fantasiosa.
No creo necesario el prestar una especial atención a mitos que racionalmente no son creíbles para nadie, mitos que muchas veces tratan de explicarse por mediación de trucos o triquiñuelas más propias de un prestidigitador que de un guerrero pero que aún así siguen mostrándose inviables y sobre todo poco prácticos y efectivos, tales como caminar por el agua, volverse invisible, volar o controlar mentes por nombrar algunos.
Sin embargo si me parece más interesante detenerse en otros que por su posibilidad si podrían generar dudas de su veracidad, tales como los relacionados con el atuendo, la armamentística o las técnicas de combate.
El atuendo del “ninja”, siempre se ha relacionado de manera inviolable con el color negro, principalmente por la relación de este personaje con la noche y las tinieblas como guerrero de las sombras. Esta imagen del encapuchado de las sombras, tiene su origen en algo bastante distinto a la explicación mítica de pasar desapercibido y de señor de la oscuridad; sus orígenes se encuentran en el periodo Edo , en el siglo XVIII con el auge y desarrollo de las artes del Bunraku y el Kabuki, donde pudo gestarse la imagen del encapuchado de las sombras y las tinieblas. Tanto los maestros de escena como los encargados de escenografía o los simples tramoyistas vestían de negro con el fin de no ser identificados sobre el fondo negro del escenario y pareciendo así seres que se movían entre sombras interpretando de este modo su papel de “invisible”; esto era una licencia teatral que la gente conocía y que sabía su significado y lo interpretaba como tal. A partir de ahí la imagen se va desarrollando, apareciendo en grabados y obras literarias del siglo XIX donde poco a poco se va fomentando esa imagen irreal y fantástica de ser sobrenatural capaz de desaparecer.
Si tuviéramos que hablar de un atuendo típico por su colorido para pasar desapercibido en la oscuridad, y sobre todo fundamentándonos en los grabados o en las representaciones teatrales, este sería de color azul oscuro, marino o índigo, que es realmente el más semejante al color del cielo nocturno, y que como digo por tradición, por conservarse ejemplares y por que es con el que se representa a ladrones y maleantes que actúan al abrigo de la noche en las pinturas y grabados.
Si hablamos del arsenal mítico del “ninja” la fantasía se dispara, desde armas llenas de compartimentos secretos, mangos telescópicos, hojas ocultas, bombas de humo, dardos envenenados, mortíferos shurikens, hasta el fantasioso nijato que jamás existió al igual que la mayoría de las estrafalarias armas que muchas veces muestran como históricas en museos “ninjas” y que realmente no tienen mas de 30 o 40 años de antigüedad.
Quisiera centrarme en el mencionado “ninjato”, principalmente por su simbología con la figura del ninja y como se identifica a este siempre con este arma; el ninjato no existió, jamás ha existido y no es para nada un arma histórica; se ha especulado mucho sobre este arma, que si fueron forjados por kajis clandestinos al margen de la ley con técnicas oscuras que dotaban al arma de propiedades sobrenaturales, que si eran más cortos para sorprender al samurai en cortas distancias, que si la tsuba era cuadrada y sobredimensionada para escalar muros a modo de peldaño, o que pudieran ser espadas quebradas y modificadas para adaptarse a las técnicas del ninja . Todo es falso al igual que su hoja recta, las únicas espadas de hoja recta son las espadas arqueológicas ken(jokoto) y por supuesto que nada tienen que ver con el ninjato, del mismo modo que las hojas quebrada bien por la zona del kissaki o por la del nakago, seguirían manteniendo cierta curvatura.
El ninjato es un invento de Hollywood como muchas otras mentiras del mundo “ninja”, inventadas por señores como Stephen Hayes, gente que ha hecho su particular fortuna vendiendo humo y engañando al personal con falsas escuelas supuestamente milenarias, cuando realmente es gente que tiene muy poco de artista marcial y no respeta para nada cultura y tradición y que por supuesto adaptan e inventan la historia a su gusto para favorecer sus intereses y sus bolsillos.
En cuanto a la forma de actuar de los ninja, siempre se ha relacionado con el subterfugio, el ocultismo, la traición o incluso el deshonor; se dice que son técnicas propias de los clanes “ninja” y que jamás serían usadas por samuráis por el deshonor que su utilización conllevaría para estos, pero lo cierto es que en época de guerra sobre todo antes del pacífico periodo Edo, cualquier samurai y cualquier guerrero utilizaría aquellas técnicas que le permitiese sobrevivir mejor, ya fuese el asesinato, el espionaje o el sabotaje, pues cualquier técni
ca es buena a la hora de triunfar en combate y mantenerse con vida.
Por otro lado la figura del ninja siempre se ha presentado como antagonista al samurai, pero sin embargo la historia nos ha dejado nombres que demuestran que algunos de los más grandes nombres que se relacionan engañosamente con el “ninja”, eran samurai, tal es el caso de Hattori Hanzo (H.H), nacido en 1541 y que murió en 1596 y era hijo de Hattori Yasunaga. H.H fue apodado con el sobrenombre de "el diablo Hanzo", no solo como referencia a sus habilidades en combate sino también para ser diferenciado de otro Hanzo que también estaba al servicio de los Tokugawa y cuyo nombre era Watanabe.
H.H sirvió fielmente a las ordenes de Tokugawa Ieyasu; su primera batalla la libró con 16 años y participó en importantes campañas como Anegawa en 1570 o Mikitagahara en 1572; a pesar de estos méritos su contribución mas celebre y valiosa es la del episodio de Mikawa que llego en 1582 tras la muerte de Nobunaga Oda.
Por aquel entonces Ieyasu y sus fieles se encontraban en las cercanías de Osaka pendientes de las tropas de Akechi Mitsuhide, que no dudaría en matarlos si estos eran encontrados. Apremiados por el tiempo y con la amenaza de los hombres de Akechi rastreando la zona, aguardaban la ocasión de emprender el camino a Mikawa que se encontraba fuertemente vigilado.
En este punto H.H, recomendó a Ieyasu tomar un rodeo a través de una ruta por la provincia de Iga en la que este tenia fuertes contactos y lazos de amistad con los samurais de la zona; además de esto Ieyasu era consciente que su apoyo a la gente de esta zona tras la sangrienta invasión de Nobunaga en 1580 le seria de utilidad pues no dudarían en ayudarle si fuera preciso.
Así pues con la ayuda de Honda Tadakatsu, H.H y una serie de hombres de Iga que además de escolta sirvieron de guías por caminos secundarios, Ieyasu y sus hombres consiguieron llegar sin problemas y a salvo a Mikawa.
H.H, fue sucedido por su hijo Masanori al que darían el titulo de Iwami-no Kami, sirviendo el y sus hombres como guardia del castillo de Edo.
La reputación de Hanzo creció de manera notable tras la hazaña de Mikawa y actualmente por el cine o los comics se le identifica injustamente con la figura del "ninja", algo lejano a la realidad pues como ya he apuntado pertenecía a la casta samurai de nacimiento y teniendo un alto rango comandó unidades de mas de 200 samuráis a sus ordenes y al servicio del shogunato Tokugawa.
Con todo esto concluyo diciendo que la figura del “ninja” o mejor dicho del shinobi histórico, difiere mucho de la imagen mítica, sobrenatural y en último caso comercial que actualmente se presenta; debemos tener en cuenta que ciertamente en el Japón antiguo existió la figura del asesino, del espía del mismo modo que en cualquier otra sociedad, pero no por ello debemos creer todas las fantasías que el cine y sobre todo últimamente el manga y el anime, así como los farsantes que viven de ello nos quieren mostrar como real e histórico y que para nada lo fue.
Por Antonio Clemente Ferrero.